Huesca, España – Tres rutas de senderismo por el Pirineo aragonés

Tres rutas. No hizo falta más para que nos enamorásemos para siempre del paisaje pirenaico.

En realidad miento. Con la primera ya habíamos caído rendidas a sus pies. Estas montañas tienen mil sendas por recorrer y es injusto tratar de describirlas a través de tres de ellas. Sin embargo, una cosa es segura. Cualquiera de las que hagas por allí será un acierto. Nuestro primer contacto con esta cordillera fue intenso, pero volvería a recorrer cada kilómetro.

Ruta de Lacs d’Ayous

Para ponerte en situación, nuestro viaje duró una semana, a principios de septiembre de 2019. Nuestros alojamientos fueron variopintos, tratando de aproximarnos lo máximo posible a las diferentes rutas escogidas: al principio hacíamos noche en casa de la mejor anfitriona y guía de montaña posible, en los alrededores de Jaca. Sin embargo, a medida que fuimos ampliando el recorrido, cambiamos el alojamiento a Torla, en el Hotel Rural Torla; posteriormente una noche en el Hostal Dos Ríos en Aínsa y otra en la Escuela de Montaña de Benasque.

Durante esos días, alternando con actividades como el barranquismo en la Garganta del Gorgol y la visita a pueblos como Aínsa, Benasque y Torla, hicimos estas tres rutas que nos dejaron sin aliento, en todos los sentidos. Allí nos rendimos para siempre ante el Pirineo oscense y enseguida entenderás el porqué.

Lacs d’Ayous

Vale, he hecho trampa. Esta ruta no es exactamente aragonesa. Para iniciarla tuvimos que cruzar al lado francés de la cordillera. Esto cambiaba el paisaje inevitablemente, más de lo que podríamos esperar.

El Midi

La ruta recorría un total de 17 Km, de forma circular, con un gran ascenso hasta la mitad de la ruta. De los primeros lagos, pasábamos a un frondoso bosque que no nos dejaba imaginar la solana que nos esperaba después. Acto seguido llegamos a una pradera donde encontraríamos por primera vez las robameriendas. Por lo visto estas flores se llaman así porque aparecen hacia el final del verano, cuando los días se acortan, marcando el final de las meriendas de los pastores en el campo.

Las robameriendas

Después de eso empezaba el ascenso fuerte. Con el Midi casi siempre a la vista, avanzábamos topándonos con ibones, o lagos de alta montaña, que parecían sacados de otro planeta. Sin lugar a dudas, nuestro gran favorito sería el Lac Gentau, con una perspectiva inigualable del Midi de fondo.

Lac Gentau
Reflejos en ibones

Al ser finales de verano, el paisaje se presentaba más ralo de lo esperado. Ascendimos hasta el refugio que marcaba aproximadamente el ecuador de la ruta. Durante el descenso nos topamos con varios rebaños de vacas, ovejas y caballos salvajes que terminaban de perfilar este paisaje de película. De hecho, hacia el final de la ruta tuvimos una divertida anécdota con uno de esos caballos, que empezó a trotar detrás de nosotros y nos pegó un susto importante. Para huir nos alojamos en una crepería que había al inicio de la ruta y acabamos merendando allí, así que ¡no hay mal que por bien no venga!

Recién pasado el refugio de Ayous

Realmente nada de lo que diga hace justicia a lo que conlleva recorrer esta ruta. Fue bastante exigente, ya que a mitad del recorrido empezó a dolerme la rodilla. Eso provocó que sumáramos 2 horas más de lo previsto al recorrido. Aún con eso, volvería a hacerla sin dudar.

Senda de los Cazadores en el P.N. de Ordesa y Monte Perdido

Este valle glaciar es de sobra conocido por cualquiera que se haya planteado recorrer el Pirineo aragonés. Sin embargo, aunque su fama le precede, cualquier expectativa es poca a la hora de sumergirte en esta maravilla en forma de Parque Nacional.

Desde la Senda de los cazadores

Para llegar, al tratarse de un Parque Nacional, la subida debe ser en el autobús oficial que sale desde Torla (precio 2019: 4,50€ i/v). Así que, con el objetivo de hacer toda la ruta con sol, ahí estábamos desde bien prontito por la mañana. Nuestra guía nos advirtió antes de comenzar la ruta: tardaríamos unas 10 horas, con un gran ascenso al principio por la Senda de los Cazadores, que nos permitiría ver el valle desde las alturas. Poco a poco, sin percatarnos casi, iríamos descendiendo por la Faja de Pelay hacia la cascada de Cola de Caballo. A partir de ahí, la vuelta la haríamos por en medio del valle, entre frondosos bosques que escondían otras cascadas. La distancia total era de 21 Km.

La Faja de Pelay

La forma de U tan característica de los valles glaciares (frente a los fluviales, que tienen forma de V), nos permitía observar desde las alturas una enorme amplitud del camino que nos quedaba por delante. Para ascender por la Senda de los Cazadores hay que seguir las indicaciones hacia la derecha de la pista inicial, tras lo que se empieza una subida en zigzag muy pronunciada. Las dos primeras horas de ruta fueron este ascenso, pero al llegar arriba las vistas ya merecían la pena. Durante lo que quedaba de mañana fuimos descendiendo por la llamada Faja de Pelay hacia el circo de Soaso, donde se encuentra la famosa Cola de Caballo. Allí nos sentamos a disfrutar del almuerzo. Aunque estaba más seca de lo habitual en otras épocas del año, la cascada seguía siendo impresionante.

Cola de caballo

Con las pilas recargadas, comenzamos el camino de vuelta, esta vez por mitad del valle. Alcanzamos las gradas de Soaso y un frondoso bosque de hayas, que nos permitió descansar del sol lo que quedaba de camino. También pudimos disfrutar de las otras tres caídas de agua de esta ruta: las cascadas de Arripas, El Estrecho y la Cueva.

Las gradas de Soaso
La cascada de Arripas

Acabamos exhaustas y alucinadas a partes iguales. Sin estar muy acostumbradas a la montaña, la ruta resultó agotadora, pero al acabarla no dábamos crédito a la maravilla que acabábamos de ver. El próximo reto será repetirla en otoño, para disfrutar de los colores que tiñen esas hojas… ¡y para no pasar tanto calor!

Ibones de Gorgutes en Benasque

Esta ruta no entraba en nuestro planteamiento inicial. Sin embargo, tras una semana intensa, decidimos cerrar la semana con un trayecto algo más corto. Esta ruta tenía unos 12 kilómetros en total, con lo que tardaríamos unas 4 ó 5 horas. Conclusión: estaríamos en Benasque para comer.

Vistas hacia el valle

No fue la ruta más impresionante, pero eso no hizo que la disfrutáramos menos. El camino comenzaba ascendiendo por el cauce de un riachuelo, seco en esta época del año. Continuábamos entre pinos, tras lo que el camino se abría a grandes llanuras que nos daban una perspectiva muy amplia de lo que nos quedaba por delante. A medida que ascendíamos impresionaban las vistas sobre el valle, con los perfiles de la cordillera chocando con Francia.

Nuestro camino coincidiría en cierto momento con el Trail2Heaven, una carrera de alta montaña que se celebraba en esas fechas y nos dejaba a la altura del betún subiendo esa montaña.

Ibones de Gorgutes

Aun así nosotras seguimos ascendiendo, recorriendo los ibones de Gorgutes. Tal como nuestra guía nos indicaba, el paisaje cambiaba mucho en esta zona debido al tipo de roca. Al contrario de lo que ocurría en las otras rutas, en este caso, las rocas son metamórficas, por lo que no pueden albergar fósiles. Esto nos resultó un dato muy curioso, ya que en otros puntos del Pirineo, nuestra querida guía nos enseñó muestras de fósiles marinos que guarda la cordillera. Según nos contaba, los Pirineos nacieron del choque entre dos placas, lo que hizo que la tierra sumergida emergiera por el impacto y diera forma a estas montañas. ¡De ahí la presencia de fósiles! Obviamente su explicación fue mucho más completa, pero espero que esto sirva para que eches un vistazo a los diferentes tipos de roca durante tu visita a esta cordillera.

Camino de vuelta
¡Hacia el ibón que van!

Volviendo a la ruta, finalmente alcanzamos el gran ibón de Gorgutes. Nos detuvimos a almorzar allí y, tras disfrutar de las vistas, emprendimos el camino de vuelta por la misma senda que habíamos recorrido. La perspectiva frontal de cara al valle durante la bajada daba incluso sensación de vértigo por la amplitud del paisaje. Esa imagen se queda grabada en la mente.

Dos planes extra: barranquismo y turismo rural

Por si estas rutas se os quedan cortas y tenéis ganas de disfrutar de la naturaleza pirenaica de otras maneras, aquí van dos planes extra que hacer por la zona.

Barranquismo en la Garganta del Gorgol

Nuestro primer contacto con la cordillera fue descendiendo por uno de sus barrancos. En este caso fue la Garganta del Gorgol.

Aunque no era mi primera vez haciendo barranquismo, no soy una gran amiga de los saltos. Me advirtieron de que en este barranco habría varios, aunque siempre tendría la opción de bajarlos destrepando o en rapel. Con eso me decidí. Además, el último de todos sí que lo haríamos en rapel, descendiendo al lado de una cascada, sin tocar la pared parte de la bajada.

El recorrido incluía varios toboganes naturales y, a pesar de mi pánico inicial, resultó ser un barranco muy entretenido. Eso sí, ten en cuenta que la llegada a algunos saltos se hace caminando por paredes, sujetándote a cadenas. La emoción está más que asegurada.

Turismo rural

Ir al Pirineo oscense y no visitar sus encantadores pueblos tendría delito. Nosotras pudimos visitar cuatro de ellos: Jaca, Aínsa, Benasque y Torla.

Aínsa

Jaca fue el primero, ya que la casa de nuestra gran guía y amiga se encontraba a escasos kilómetros de allí. En Torla pasamos dos noches, coincidiendo con nuestra ruta por el Parque Nacional de Ordesa. No puedo negar que me pareció el más encantador de todos ellos.

Aínsa quizás fue el que menos me sorprendió, ya que las expectativas que llevaba eran demasiado grandes. Aun así, debo reconocer que su carácter medieval lo convierte en un escenario más que fotogénico.

Benasque

Benasque sí que me sorprendió. Encajado dentro de un valle, me pareció el pueblo coqueto de montaña por excelencia. Además, durante el día que pasamos allí, había un ambiente increíble debido al evento del Trail2Heaven.

Pirineos, de ruta en ruta

Aun ahora, me parece increíble que estos paisajes se encuentren en nuestro territorio nacional y que muchas personas desconozcan su existencia. Aquí he recopilado tres rutas de montaña y algunos planes extra, pero, como digo, el Pirineo tiene mucho por explorar.

No me extrañaría volver a encontrarme por allí más pronto que tarde, descubriendo más sobre estos tesoros ocultos que tenemos más cerca de lo que pensamos.

A un paso y Midi

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