Fez, Marruecos – Qué saber antes de ir a un Hammam

Si una cosa tengo clara sobre la experiencia del baño árabe tradicional, más conocido como Hammam, es que o bien lo odias o bien repetirías sin dudarlo. La verdad es que decir que la experiencia es agradable, en el sentido literal de la palabra, es mucho pedir, pero no somos pocas las personas que volveríamos una y otra vez, sobre todo por las sensaciones que deja a posteriori.

Y es que, ¿acaso es agradable sudar en una sauna finlandesa? ¿O recibir un masaje descontracturante? La realidad es que placentero, lo que se dice placentero, no es. Pero el “después”, no tiene precio.

Esto mismo ocurre cuando decides adentrarte en un Hammam y probar a ser bañada por otras mujeres, marroquíes en nuestro caso, de la forma tradicional: con agua, jabón negro y un guante exfoliante.

¿Qué es un Hammam?

El Hammam es más que un baño. Se trata de un ritual para limpiar cuerpo y mente, ya que invita a la relajación y a la meditación.

Entrada al Hammam Mernissi en Fez

En Marruecos se vive de la forma tradicional: los baños están divididos por género y la entrada se hace sin más ropa que unas braguitas (en el caso de las mujeres al menos). En este tipo de experiencia siempre hay dos elementos que no fallan: el jabón negro y el guante de kessa.

  • El jabón negro es el producto que mejor prepara la piel para la exfoliación. El producto tradicional está hecho a base de aceite de oliva y olivas negras trituradas y es extremadamente hidratante y regenerativo.
  • Por lo que respecta al guante de kessa, cuando acudes a un baño tienes dos opciones: comprar uno allí o llevar uno propio. Al ser la herramienta que utilizan para exfoliar la piel, es requisito que este sea individual. Mi consejo: si te compras uno, no lo pierdas de vista si quieres repetir en un Hammam, porque comprar uno para cada baño es innecesario y ¡más caro!

La experiencia de ser bañada en un Hammam

Tras conocer opiniones tan contradictorias con respecto a esta experiencia, mi hermana y yo teníamos que probarlo para poder posicionarnos. Y para ello, ¿qué mejor que aprovechar en nuestro próximo viaje a Marruecos? Una vez llegadas a Fez, nos decidimos por el Hammam Mernissi & Spa, muy cerquita de Bab Bou Jeloud, la Puerta Azul de la medina.

Bab Bou Jeloud, la Puerta Azul de la medina de Fez

La experiencia que nos interesaba era el Hammam común (sin masajes, ni extras), por lo que el precio fue de 200 Dirhams (unos 19€), aunque existían otras opciones de baño privado o diferentes tipos de masaje, por precios más elevados.

Carta de precios de noviembre 2019

Nosotras íbamos decididas a vivir la experiencia del baño público, así que no hubo dudas. Nada más entrar nos indicaron que debíamos quitarnos toda la ropa y quedarnos únicamente con la braga del bikini. Lo cierto es que no se nos ocurrió meterlo en la maleta, así que nos dejaron allí una especie de braguita desechable (bastante incómoda, por cierto). A continuación te dan tu guante exfoliante kessa y, equipada solo con eso, te diriges a la puerta del baño público de mujeres.

Vestuarios antes de entrar al Hammam

Nada más entrar una nube de vapor te engulle y, a partir de ese momento, no vuelves a sentir frío en un buen rato. Las salas son amplias, con numerosos grifos abiertos que no dejan de liberar agua sobre lavabos desbordados. En la primera sala se encontraban las mujeres que acudían allí en familia o con amigas, intuyo que todas locales, a disfrutar de la experiencia en compañía. Las escenas son de una intimidad enternecedora: mujeres de diferentes generaciones bañándose unas a otras; algunas sentadas, otras de pie; unas hablando y otras en silencio.

Nosotras avanzamos a la siguiente sala, reservada intuyo a las mujeres a las que deben guiar y asistir en este ritual tradicional del baño. Te sientas frente a un lavabo, y todo empieza cuando la mujer que te acompaña te lanza un cubo de agua por encima. A continuación, trae el famoso jabón negro, producto típico de la experiencia del Hammam, y empieza a esparcirlo por todo tu cuerpo. La sensación a priori ya remueve sensaciones por dentro: para mí, por ejemplo la experiencia de ser bañada resulta muy agradable y me trae recuerdos de la infancia. En ese momento, permaneces quieta y sentada, mientras la mujer que te asiste te enjabona insistentemente por todo el cuerpo. A continuación, vuelve a echarte agua y retira los restos de jabón. El mismo proceso se repite con la cabeza y el pelo.

Fotografía de la página web del Hammam Mernissi

A continuación a nosotras nos invitaron a entrar en una especie de sauna finlandesa. Allí debíamos esperar e ir saliendo de una en una cuando nos lo indicaran para pasar a la parte más dolorosa de este ritual de baño: la exfoliación con el guante kessa. Cuando me llegó el turno de salir, me coloqué bocarriba sobre una especie de pedestal de mármol, donde quedaba estirada de cuerpo completo. Ahí, la mujer se colocó el guante y empezó a frotar por todo el cuerpo. De ese momento recuerdo principalmente dos cosas: ver la piel muerta esparciéndose por mi cuerpo y por el pedestal, y la sensación de ardor que quedaba en la piel frotada.

Fotografía de la página web del Hammam Mernissi

Al terminar de exfoliar la parte delantera, te das la vuelta y el proceso continúa por el otro lado. No sé cuánto duró la exfoliación, probablemente entre 5 y 10 minutos. A pesar del escozor por el frote, el ambiente húmedo y la concentración en las sensaciones de tu propio cuerpo realmente eliminan cualquier preocupación de la cabeza.

Por fin, cuando terminamos la exfoliación, la misma mujer nos enjabonó de nuevo todo el cuerpo con el jabón negro y, sin aclararlo, nos indicó que nos tumbáramos en otros pedestales dispuestos para ese descanso posterior. Tras unos minutos, volvió a bañarnos una por una con el mismo proceso: nos lanzaba un cubo de agua y, casi sin avisar, te enjabona y vuelve a echarte agua por encima.

Cuando acabamos nos quedamos tumbadas un rato, disfrutando del ambiente húmedo y, por qué no decirlo, de los sonidos de sorpresa que emitía un grupo de americanas ante la experiencia.

¿Hammam o no Hammam?

Esa es la cuestión. Para mí la respuesta es sencilla: repetiría, porque de hecho ya lo hice (el Hammam Ancestral, en Alicante, es totalmente recomendable). Sin embargo sí que creo que quizás no es una experiencia para todos los públicos.

Hammam ancestral en Alicante

El ambiente extremadamente húmedo puede llegar a resultar agobiante y la intimidad de la experiencia podría resultar incómoda para algunas personas. Si das mucha importancia a alguna de estas cuestiones, quizás no es tu tipo de experiencia, pero, si no es el caso o si a pesar de ello sientes curiosidad, te animo a probarlo.

Lo único que puedo afirmar con seguridad es que no te dejará indiferente. Y, además, ¡seguro que nunca habrás tocado tu piel tan suave como a la salida de un Hammam!

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