Marrakech, Marruecos – Cómo vivir el zoco sin volverte loco

  • “Vamos, chicas, era a la izquierda del puesto de babuchas y pasando la zona del cuero…”
  • “Y las especias, ¿dónde quedaban?”
  • “Ya hemos pasado por aquí, me suenan mucho esas lámparas…”
  • “Pero si aquí estuvimos regateando el primer día, ¿os acordáis?”
  • “Y, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Pero si esto estaba mucho más lejos de la Plaza supuestamente…”
  • “¡Cuidado con el hombre del burro! ¡Dios, y con la moto!”
  • “Sí, españolas… Nada, gracias ya tenemos especias”.

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Si en algún momento de tu vida te has sumergido en las inmensidades de un zoco marroquí cualquiera de estas frases podría haber salido de tu boca. La ciudad de Marrakech, como bien decía una de las tres componentes de nuestro mágico viaje, tiene una capacidad singular: consigue estresarte y relajarte en periodos muy cortos de tiempo.

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En un momento dado puedes estar observando la Plaza Jemaa el-Fna desde las alturas, en una de las terrazas que la rodean, y disfrutar de unos minutos de calma, observando el armónico caos de la vida que se desarrolla dentro de ella.

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Si, acto seguido, te decides a entrar en el zoco, debes mentalizarte de lo que pasará a continuación. El zoco es un espectáculo de colores y olores que no te dejará indiferente, para bien o para mal. La combinación de estímulos que supone el paseo por sus intrincadas calles no es apta para los amantes de la calma y la relajación durante sus viajes.

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Si no eres de esas personas y te atreves con un poco de locura, al menos entra con la preparación necesaria para sobrevivir a la agitada vida del zoco.

Los 5 mandamientos del zoco

Nosotras, tres chicas perdidas por el zoco, íbamos con una inquietud que se nos pasó en cuanto empezamos a interactuar con la gente. En Marrakech viven del turismo, hablan más idiomas de los que hablaría cualquier persona en Europa y son personas extremadamente amables. Eso sí, la típica picaresca española se multiplica por 10 allí, por lo que lo único que tienes que tener en cuenta es que intentarán sacar partido de las hordas de turistas que ocupan su ciudad.

En el zoco hay varios mandamientos que debes cumplir a rajatabla:

Mandamiento nº1: Regatearás por encima de todas las cosas.

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Renunciar al regateo en Marruecos es prácticamente eliminar de tu estancia la mayor oportunidad de interactuar con su gente. Ni la vergüenza, ni la pereza deberían ser un freno a la hora de vivir esta experiencia.

Antes que nada debemos entender que esta es su forma de vender, por lo que no debemos pensar que estamos timándoles rebajando el precio. Suele decirse que el primer precio que te digan debes dividirlo entre 10 y a partir de ahí empezar a negociar. Donde tú dices 80, yo digo 20, y donde dices 75 yo me doy la vuelta esperando que me reclames con un precio más bajo. Y es que esa negociación puede ser muy divertida y te ayuda a conocer el humor y el carácter marroquí.

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Tienen un ingenio insospechado para alguien que está comunicándose y vendiendo en un idioma que no es el suyo propio. Da igual con cuántas personas hables, su perspicacia te deja sin palabras.

Además, debes asumir que la venta allí no es una acción inmediata. Más bien, se trata de un proceso que debes trabajarte despacito y con calma. Como nos repetían constantemente, la prisa mata, así que más te vale armarte de paciencia y labia si quieres llevar a buen puerto la dinámica negociación.

Por último, una cosa está clara: si alguien tiene que “timar” a alguien en esta negociación, ten por seguro que ese alguien serás tú. Porque, aunque te vayas con la impresión de haber conseguido un chollazo, al rato se te pasará y te preguntarás hasta dónde habría llegado a bajar el precio tu locuaz y carismático vendedor.

Mandamiento nº2: Respetarás sus caóticas normas de conducción

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De las primeras cosas que comprendimos al llegar a Marrakech es que allí el peatón es uno más en la reñida contienda por la prioridad en calles y carreteras.

En el lado opuesto del ring encontramos todo tipo de vehículos: desde desgastadas motos cargadas con familias enteras hasta carros de fruta tirados por burros o coches que reinventan los carriles. Si esto ya se aplica por amplias avenidas y calles señalizadas, imaginate en el zoco. En esta ciudad sin ley, los sentidos deben agudizarse y, sobre todo al principio, mantenerse alerta.

De todas formas, aunque la precaución nunca estará de más, al cabo de unos días, las dificultades para cruzar pasos de peatones quedarán en el olvido. Porque, tras el susto inicial, te darás cuenta de que imitando al local es como más se aprende y, a la vez, como más se disfruta. Por lo tanto, en tan solo unos días, pasarás de asombrarte con esas personas que se lanzaban sin juicio alguno a la carretera a ser una más de ellas: reclamando tu permiso para pasar confiando en que unos atentos conductores pararán antes de chocarte.

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Mandamiento nº3: No aceptarás el primer precio que te digan.

Estando en Marrakech, nos contaron que lo peor que le podías hacer a un comerciante es aceptar el primer precio que te ofrezca. Si lo haces, sea cual sea el precio que has convenido a pagarle, ese vendedor se pasará el día preguntándose si hubieras aceptado más. Esa certeza de haberse quedado corto en la selección del precio les puede amargar el día.

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Además, haciendo esto violarías el mandamiento nº1 del zoco, así que sería una doble descortesía por tu parte. Y a Marrakech hemos venido a jugar, no a retirarnos en la primera ronda.

Mandamiento nº4: No regatearás en vano.

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A nadie le gusta perder el tiempo y menos a alguien que vive de ello. En uno de los puestos, vimos una tetera típica de allí y decidimos probar a ver si conseguíamos bajarla hasta el precio que habíamos acordado antes.

Empezamos la negociación con un anciano extremadamente amable y con un castellano envidiable y todo parecía ir bien. El problema fue que al ir bajando el precio la interesada se lo pensó dos veces y dejó de estarlo. Al oír que al final la compra no iba adelante, el vendedor nos dijo, siempre entre risas, que no le hiciéramos eso, que estábamos matando al comerciante.

Por ese motivo, reserva siempre tus fuerzas dialécticas para aquellos productos que sí que te interesen, que seguro que alguno habrá. Ya sea alguna de los cientos de especias que tienen, o bien teteras, alfombras, bolsos, pulseras, cestas de mimbre, sombreros o cualquier camellito para traer como recuerdo, en el zoco siempre encuentras algo por lo que te merecerá la pena regatear de verdad. Así que ya sabes, keep calm y no regatees en vano.

Mandamiento nº5: Te guiarás por tus instintos más que por cualquier otra cosa.

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Aunque atravesar el zoco fue más sencillo de lo que pensábamos en un principio, habrá momentos en que sus estrechas y bulliciosas calles te sobrepasen y necesites salir de él. El bullicio constante, la muchedumbre y los cientos de reclamos pueden resultar agotadores y generarte la urgencia de abandonar esa zona.

Asimismo, también puede darse el caso de que necesites atravesarlo cuando no quede por allí ni un alma, al caer el sol. Si ya de día resulta complejo ubicarse, aún teniendo las referencias de los comercios, de noche estas calles se vuelven un auténtico laberinto al ser todas sumamente similares, por no decir iguales.

En situaciones como estas, probablemente tu instinto te llevará a pedir referencias a gente de tu alrededor, pero debes hacerlo con precaución. Como ya he dicho, Marrakech es una ciudad sumamente turística, por lo que sus habitantes están acostumbrados a recibir visitas todo el año, pero algunos pocos quieren aprovecharse de la situación.

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Por ese motivo deberás andarte con ojo porque no todo el mundo dará las indicaciones de forma gratuita. Es muy probable que te cruces con grupos -eminentemente- de jóvenes que insistirán en llevarte a determinados puntos desde dentro del zoco, pero ten en cuenta que no todos ellos lo harán por amor al arte. Por ese motivo, un consejo que nos dieron en nuestro propio Riad es que pidiéramos indicaciones a gente que tenga un puesto que atender en el zoco, pues es altamente improbable que estas personas decidan acompañarte hasta tu destino a cambio de una recompensa.

Además, para evitar desubicarte, siempre será buena idea descargarse el mapa de la ciudad. Nosotras lo hicimos a través de la app Maps.me y, en casi todas las ocasiones, conseguimos guiarnos solas por este laberinto. Es quizás el mejor recurso para encontrar escapatoria si notas que el zoco empieza a volverse loco.

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