Almería, España – Vivito y caleando en Cabo de Gata

Con el cactus como vegetación principal y el beige de sus desérticos y monocromáticos paisajes, Cabo de Gata resulta fascinante tanto para habitantes de costa como para los de interior. A esta costa le precedía su fama, bien alimentada en redes sociales, pero, con todo y con eso, logró sorprendernos hasta límites insospechados.

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Desierto y mar, en Isleta del Moro

Volcanes que formaron playas de arenas negras, cuevas ocultas en sus acantilados propias de piratas, y reservas naturales tanto dentro como fuera del agua. Este rincón de la Península esconde mucho más de lo que parece en un principio y tengo la impresión de que ni los locales han descubierto todos sus secretos.

Nuestro primer día de ruta por el perfil de su geografía nos llevó a conocer tres de sus calas, unas más conocidas, otras más alternativas, pero todas ellas especiales a su manera. Sobra decir que no tienen por qué ser las mejores para todo el que las pise y bucee, pero todas ellas tenían algo que las hacía únicas y merecedoras de una visita.

Playa de las Negras, bonita por dentro y por fuera

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Playa de Las Negras

Nuestra primera parada fue esta amplia playa de cantos rodados de la costa almeriense. Aparcamos en un descampado, cerca de una simpática familia acampada en su furgoneta, que nos hizo varias recomendaciones sobre la zona.

Tras atravesar hileras de casas blancas nos encontramos con esta larga playa, flanqueada por elevaciones rocosas a ambos lados. El acceso está recomendado hacerlo con zapatillas o escarpines, ya que la arena no es precisamente fina en esta playa.

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Con vistas al mar
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Arena fina

Desde el paseo contemplamos la orilla, para un lado y para el otro y nos decidimos por un rincón a la derecha. Plantamos las toallas y a nadar. Nuestro bautizo en esta costa.

El fondo marino se me hacía similar al de la Costa Blanca, con sus praderas de posidonia, sus pejeverdes, castañuelas, erizos, etc. Pero Cabo de Gata tiene un color especial. Por toda su costa se identifica un color rosa característico, que cubre todos los fondos y parte de su flora y fauna.

Estuvimos buceando por una zona con diferentes elevaciones en el fondo marino, llenas de recovecos que ocultaban más vida marina de la que parecía a simple vista. Buena opción para el snorkel.

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Después de esta primera inmersión, decidimos seguir los consejos de nuestra amiga de la furgoneta y nos dirigimos hacia una de las empresas que bordean la costa en lancha. De esta forma llegaríamos a la siguiente cala, la cala de San Pedro.

Cala San Pedro, el rincón hippie

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Cala San Pedro y su castillo

Desde la Playa de Las Negras salen asiduamente lanchas motoras que, o bien te llevan directo a la Cala de San Pedro, o bordean la costa dejándote ver y entrar a las numerosas cavidades debajo de los precipicios que la bordean, también conocidas como cuevas piratas.

Nosotras finalmente nos decidimos por esa segunda opción y, todo sea dicho, mereció la pena (el precio fue de 25€ cuando nosotras estuvimos allí, ida y vuelta a San Pedro eran 12€). Nuestro capitán nos llevó hasta cerca de la playa de Agua Amarga, haciendo varias paradas en estos rincones y cuevas de la costa para que pudieramos sumergirnos e investigar un rato. ¡Hasta vimos estrellas de mar!

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Rincones secretos e inaccesibles de Cabo de Gata
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Vista de Las Negras desde el mar
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Dentro de una cueva pirata

Durante todo el trayecto, el conductor de la lancha nos iba dando referencias sobre la procedencia de las diferentes formaciones rocosas, algunas creadas por los volcanes, otras curiosas por la forma de sus componentes. Paralelos a la costa, podíamos disfrutar de sus márgenes como espectadores en primera fila.

Finalmente, volvimos sobre nuestro rastro y desembarcamos en la Cala San Pedro. Desde el momento en que pisamos esta playa supimos que habíamos llegado a un sitio especial. El castillo a la izquierda, varias construcciones hippies a la derecha y, en el centro, una zona de camping libre a 5 metros de la orilla del mar. Nudistas y textiles unidos en las mismas aguas, jóvenes y mayores, niños y ancianos.

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Puestos hippies por toda la orilla
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Camping improvisado

¿Tienes hambre? En los tenderetes hippies preparan bocadillos y hay bebidas. ¿Tienes sed? Hay un manantial de agua cerca de la cala. Más allá de ser totalmente capaz de cubrir tus necesidades básicas a pesar de su inaccesibilidad, esta cala tiene un aura especial. Se respira paz y tranquilidad en ella y concede una libertad desconcertante de primeras, pero relajante de segundas.

Entre todas las calas que visitamos esos días, San Pedro fue la más auténtica y especial. Eso, sin lugar a dudas.

Isleta del moro, conquistada desde la cima.

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Con vistas a la Isleta del Moro

Última parada de nuestro primer día de ruta. Cogiendo la carretera hacia el sur desde Las Negras llegamos al pueblecito que vigila la Isleta del Moro.

En esta cala dos cosas fueron destacables desde el primer momento: la primera, la belleza de sus vistas desde las alturas, que permitían adivinar los límites de toda la costa cercana; la segunda, la claridad de sus aguas.

Estas dos cosas definieron nuestra visita a la Isleta y las disfrutamos en ese mismo orden. En un primer momento, nos dirigimos a un mirador que permitía vislumbrar los alrededores, constituidos por una mezcla de mar y montaña. Además, a medida que te acercas a la cala, existen diferentes posiciones desde las que poder llevarse una foto perfecta de este rincón desde las alturas.

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El cabo de la Isleta

Una vez contempladas las vistas, nos dirigimos a la playa. Nada más pisar la arena me di cuenta de que esta era una de sus principales cualidades. Acostumbradas a las piedras de cantos rodados y a las de arena fina, esta arena suelta y de un tamaño algo mayor nos decidió a tumbarnos un rato y a descansar relajadamente.

Eso sí, como siempre, al entrar al agua el tamaño de las piedras aumenta y es aconsejable llevar un calzado adecuado. Las aguas claras permitían ver desde un inicio el potencial de su fondo marino, que no nos decepcionó. Su variedad nos mantuvo entretenidas descubriendo la cara durante un rato largo.

Esta última cala la vimos prácticamente a la luz del atardecer, que fue cuando decidimos emprender la vuelta a casa. Recorrimos de nuevo las carreteras por las que habíamos atravesado el Parque natural del Cabo de Gata-Níjar, viendo el horizonte como si se tratara de una película de vaqueros.

Este fue el primer día de descubrimiento de una costa tan cercana y al mismo tiempo tan inaccesible. Aún quedaba mucho por descubrir, pero con esto ya sabíamos que Cabo de Gata iba a ser un sitio especial y, desde luego, para repetir.

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Mi compi de este y seguro que de muchos otros viajes 🙂

9 comentarios en “Almería, España – Vivito y caleando en Cabo de Gata

  1. ¡Gracias por la info! El verano pasado salí de ruta para conocer la costa almeriense, pero al día siguiente tuve que volver a casa por un imprevisto, así que ese siempre será mi viaje frustrado. Este verano quería volverlo a intentar, pero se nos ha roto el coche. ¿Crees que se podría llegar a estas playas en transporte público, o más bien debes tirar de coche al tratarse de rinconcitos que descubrir? ¡Cabo de Gata se me está resistiendo un montón!

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    1. Hola Marta! Antes de nada, muchas gracias por pasarte por aquí y leer el post 🙂 qué lástima lo que me cuentas de tus viajes frustrados, jo… Y la verdad es que yo siempre había oído que Cabo de Gata era bastante inaccesible y por eso ni me plantee la opción del transporte público y, por lo que he visto en las que he estado, no parece la mejor opción. De todas formas, por si te ayuda, nosotras lo que hicimos fue coger un coche de alquiler y nos permitió recorrer bastantes calitas en dos días. Mucha suerte y espero que puedas visitarla pronto porque merece la pena! 🙂

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