Estrasburgo, Francia – La historia de Alsacia en 8 plazas

Si hay una región que tiene historia para aburrir es precisamente la de Alsacia. Durante años ha estado en un limbo entre Francia y Alemania y aún hoy en día se notan las influencias de ambas naciones.

Primero por la lengua, el alsaciano, una especie de alemán afrancesado que resulta incomprensible para los oídos de prácticamente cualquiera y curioso para oídos alemanes. En las diferentes etapas de conquista de Alsacia, cada nación prohibía la lengua que precedía a su llegada y al final el pueblo fue creándose una lengua propia, influenciada por las dos y por ninguna, con la que entenderse más allá de sus dirigentes políticos.

Más allá de la lengua, que a pesar de todo está en peligro de extinción, encontramos numerosas pistas del paso de ambos países. La arquitectura, las tradiciones (sobre todo las navideñas!) o la gastronomía, con su Choucroute Alsacienne hermana de este plato típico en el sur de Alemania.

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Paseo al lado del río Ill en la alsaciana Estrasburgo

Por último, pero no por ello menos importante, está la ciudad de Estrasburgo, prueba viviente de que tanto Alemania como Francia han sido, son y serán Alsacia. Y de ella voy a hablar aquí. Porque me encantó el hecho de no saber nada de ella antes de llegar y que pudiera sorprenderme como me sorprendió. La visité en innumerables ocasiones durante el tiempo que viví en Mulhouse como Aupair y todas y cada una de esas veces me enamoraron sus colores, sus casas típicamente alsacianas, sus canales y su vida.

Al final, después de todas mis visitas, hice una especie de mini guía sobre mis lugares favoritos sumados a los enclaves históricos de esta bonita ciudad, mezcla de culturas y al mismo tiempo única en su especie. Y eso es lo que os presento aquí, mi ruta guiada por Estrasburgo, recorriéndola a través de sus plazas.

Un poco de contexto… 

La Grande Île es el centro histórico de la ciudad, rodeada por el río Ill. Repleto de pequeños establecimientos entre los que se esconden firmas internacionales, pequeñas boutiques o cafeterías en las que resguardarse durante horas. Sus calles empedradas y sus casas bajas de colores dan un aspecto acogedor a una ciudad más grande de lo que parece en un principio.

Prácticamente, el único edificio que sobresale en el skyline es la Catedral, Notre Dame, imponente como ella sola, a pesar de contar únicamente con una de sus torres. Sus tonos oscuros y sus líneas verticales le dan un aspecto imponente que contrasta con lo entrañable de la arquitectura de la ciudad, típicamente alsaciana.

Más allá de su arquitectura, esta ciudad al noreste de Francia destaca por su vida y su actividad. Sobre todo de cara a la primavera, las terrazas y las calles empiezan a llenarse, dándole a esta ciudad la actividad de la que carecen muchas otras de sus hermanas alsacianas. Estrasburgo es única en su especie y es perfecta tanto para una escapada de fin de semana como para una semana entera.

Estrasburgo en 8 plazas

Place de la Cathédrale. Esta plaza no podía dejar de estar en el primer puesto ya que para mí es el núcleo de la ciudad. La Catedral que se erige en el centro, de colores oscuros y corte gótico, atrae todas las miradas de las cercanías. Durante mucho tiempo ésta fue la construcción más alta del mundo con sus 144 metros de altura y lo peculiar es que en la actualidad llama más la atención por lo que le falta que por lo que hay.

Y es que, curiosamente, aunque en el proyecto inicial estaba planeado construir una Catedral normal, con dos torres, nunca llegó a construirse la segunda. El motivo es tan simple como que, para cuando quisieron hacerlo, el gótico se había pasado de moda y al ser construida con fondos donados, el dinero se acabó. Aun así, casi hay que agradecerle a sus coetáneos que no la continuaran porque precisamente esa ausencia la hace única.

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Perspectiva de la Catedral con su única torre.

La visita está permitida tanto al interior de la Catedral como hasta la base de la torre y la verdad es que las vistas a contemplar desde allí merecen la pena.

Como última curiosidad, la plaza está casi siempre azotada por fuertes corrientes de viento y, como en todo lugar mágico que se precie, existen varias leyendas para explicar este fenómeno más allá de las leyes de la física. La más conocida habla de cómo el Diablo, representado en una de las figuras de la Catedral, quiso acercarse a ver cómo lo habían plasmado y quedó atrapado dentro, por lo que sus vientos helados quedaron para siempre en el exterior, esperándole por toda la eternidad.

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Place de la Cathédrale, con la Maison Kammerzell de fondo.

Place Benjamin Zix: La Petite France es otro rincón a destacar de la capital de Alsacia. Tras un paseo por la ribera del río Ill, llegábamos a un pequeño barrio pintoresco, bañado por canales y repleto de historia. El que antiguamente fuera barrio de molineros, encurtidores y pescadores y albergara el hospital para soldados enfermos de sífilis, se ha convertido hoy en día en un área con gran oferta turística y gastronómica. Además en 1988 fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO. Las casas presentes en esta zona son de construcción típicamente alsaciana y paseando por sus calles podemos imaginar cómo sería la vida en esa ciudad hace unos siglos, a orillas del Ill.

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Vistas al canal desde la Place Benjamin Zix

Place du Marché Gayot. La estrechez de las calles de la ciudad llevó en un momento dado a realizar una serie de planes urbanísticos enfocados a ensanchar las calles de Estrasburgo. Sin embargo, de todos ellos esta plaza fue la única que se llevó a cabo. En ella se acostumbraba a realizar comercio de pollos y gallinas y fue lo que le dio nombre.

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Esquina de la Place du Marché Gayot

Más allá de este hecho, hay una anécdota que trasciende en este lugar y es que parte de las casas fueron de un obispo, que albergaba a gente sin hogar, entre los que había enanos y por ese motivo podemos ver algunas casas de techos bajos y pisos y puertas de menor tamaño, adaptadas a sus inquilinos. En la actualidad solo se conserva la fachada, los pisos por dentro se han remodelado.

Place Saint-Étienne. Esta plaza está totalmente rodeada por construcciones típicamente alsacianas, pero lo más curioso es que, en una misma plaza,  encontramos casas propias de familias de diferente nivel social. Las típicas casas alsacianas mostraban fácilmente el poder adquisitivo de la familia ya que estaban construidas de una determinada forma por un motivo meramente económico. De esta manera, las casas de piedra serían de las familias muy ricas, las casas de madera más ornamentadas de familias pudientes y las de madera simples de familias normales.

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Place Saint-Étienne, con sus diferentes casas alsacianas

En estas casas de madera, propias de las clases más humildes, se construía su estructura de este material y, posteriormente, se cubrían los espacios de este armazón con capas de arcilla unida con barro y diferentes elementos que se encontraran para crear las fachadas. Estos edificios estaban construidos así por un motivo y es que, de esta forma,  las casas podían “moverse” de sitio de forma relativamente fácil. Destruyendo la mezcla de barros, se movían las estructuras de madera y de esta forma era más sencillo entregarlas como dote en el matrimonio de las hijas, típico de la época en esa zona.

En esta plaza encontramos además la estatua del Meiselocker. Esta escultura construida en bronce representa la tradición que se tenía en Estrasburgo por parte de los niños de atrapar pequeños pájaros, con la ayuda de sus silbatos, para luego venderlos en el mercado. Por ese motivo los estrasburgueses empezaron a ser conocidos por este nombre por parte del resto de gente de Alsacia.

Place de la Republique: Creo que no existe en Estrasburgo una plaza que defina mejor su historia. Las sucesivas conquistas alemanas y francesas provocaron grandes cambios en ella, pues se encontraba rodeada de importantes edificios que fueron cambiando de nombre y de oficio a medida que Estrasburgo y Alsacia iban cambiando de un bando al otro.

Por lo general, después de cada periodo, se producía un cambio en todas las instituciones que pretendía olvidar a los previos ocupantes, lo que incluía la lengua oficial, que se cambiaba de la noche al día con los cambios de estado. En la actualidad, Alsacia tiene sus leyes especiales, que constituyen una adaptación de las leyes alemanas y francesas.

Actualmente, Estrasburgo hace de punto de unión entre estas dos culturas. En el centro de la plaza hay, de hecho, una estatua que representa a una madre (Alsacia), con sus dos hijos desprovistos de vestimentas en el lecho de muerte (Francia y Alemania), por todos los heridos que han surgido de sus guerras a lo largo de la historia, sin importar de donde vinieran.

Place Broglie: Esta plaza resulta más que nada curiosa por su forma, de carácter alargado, ya que en un principio estaba pensada para justas y torneos de caballos. En la actualidad encontramos en uno de sus extremos la Ópera del Rin, el Banco de Francia en uno de sus laterales y frente a él, el ayuntamiento de la ciudad. El Hôtel de Hanau, antigua residencia del general de Luis XV, François-Marie, duque de Broglie y gobernador de Alsacia, hace actualmente las funciones de ayuntamiento de la ciudad.

Place de Kléber: El hecho relevante ocurrido aquí se remonta a 1792, el momento en que París declara la guerra a Austria. Y es que dentro del antiguo Conservatorio de Música que ocupa gran parte de la plaza, fue donde se creó en una sola noche, la música que acompañaría a las tropas francesas, conocida posteriormente como la Marsellesa.

El alcalde de Estrasburgo al enterarse del aviso de guerra reunió a un grupo de oficiales y les pidió que crearan el himno patriótico que acompañaría a las tropas. De esta forma, se pusieron a ello y en la noche del 24 de mayo, crearían la entonces conocida como “Canto de Guerra para el Ejército del Rhin”, posteriormente utilizado como himno nacional y renombrada Marsellesa.

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Place Kléber

Place de Gutenberg: El famoso creador de la imprenta, Gutenberg, realizó sus estudios en la ciudad de Estrasburgo y, según se piensa, el sistema de presado del vino inspiró e influyó en su creación de la imprenta de tipos móviles, ya que sigue el mismo sistema. En esta misma ciudad sería donde el inventor, procedente de la ciudad alemana de Mainz, crearía su imprenta de tipos móviles.

Esta plaza además conecta con la Catedral a través de la Rue Mercière, devolviéndonos al principio de esta ruta con una impresionante vista de este magnífico monumento gótico, que sigue destacando entre los tejados de la ciudad.

Ocho plazas y ocho formas diferentes de conocer Estrasburgo y su historia. Una historia larga y convulsa, que marca la identidad de una región que ha estado a caballo entre dos naciones y ha creado irremediablemente una cultura única. ¿Merece la pena conocer la capital de Alsacia y con ello su historia? Creo que ya conocéis mi rotunda respuesta 😉

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